Hay un género de historias que despiertan la sensibilidad, la sencillez, la belleza y el amor por la tierra. No suelen ser muy comerciales, pero están ahí para la gente que sienta y sepa distinguir lo importante de esta vida.
Aconsejo relajarse sin prisas y ver estas películas, y luego decidme lo que sentís: (si te gustan los pelotazos comerciales no las veas)
- El perro mongol. Esta es una película de la vida en el campo donde impera la tranquilidad pero siempre esforzada, donde deambulan los yaks, las cabras, las ovejas, y un centro: la yurta, el hogar temporal. El entorno no es más que una estepa verde infinita rodeada de un cielo no menos infinito. Esta es la cotidianidad en la cual nos sumerge la película El Perro Mongol. Algo natural pero a la vez fantástico si tenemos en cuenta el estilo de vida de nuestras familias en Occidente. El film aprovecha esta ventaja de la directora que es el conocimiento del mundo mongolés al cual se acerca con una sensibilidad poco corriente y saber extraer la autenticidad de unos actores que son una familia real de nómadas.
http://www.terra.org/articulos/art01656.html
- Koyaanisqatsi. Koyaanisqatsi es un viejo vocablo de los indios Hopi para expresar la idea de “vida fuera del equilibrio”. Se inspira en las profecías Hopi que “excavar las riquezas de la tierra es cortejar el desastre” que “al acercarse el día de la purificación se tejerán telas de araña de un extremo al otro del planeta” y finalmente que “podría ser que algún día sea arrojado del cielo un receptáculo de cenizas que queme la tierra y evapore los océanos”. Con estas tres ideas la película trama un escenario narrativo que se apoya en una técnica cinematográfica singular la de acelerar las imágenes hasta crear un verdadero efecto de vértigo al espectador. Aunque, quizás, no será la Abuela Araña la que teja los hilos, sino el hombre moderno, que levantará sus torres, sus arañas de hierro, tendiendo cables entre torre y torre.
http://www.terra.org/articulos/art01203.html
- La historia del camello que llora. El cine nos ha dejado a lo largo de su historia documentos que son un reflejo de nuestra vida humana y han sido realizados con una especial sensibilidad como lo demostró Robert Flaherty con su film etnográfico Nanuk el esquimal (1920-1922). En este aparentemente explorado planeta todavía hay muchos pueblos que conservan costumbres y tradiciones que se escapan del inventario del patrimonio cultural de la humanidad. Este es el caso de los pueblos nómadas que pululan por las estepas y desiertos de Mongolia. Resulta insólito que una película de la red comercial pueda ser fruto del proyecto de unos estudiantes de la Escuela de Cine de Munich que se adentraron en el desierto de Mongolia, para buscar una historia maravillosa que fuera real pero que, a la vez, se pudiera contar casi sin palabras. El resultado final ha sido un film con una delicadeza y un respeto hacia sus personajes como hacía años no se lograba en el cine.
http://www.terra.org/articulos/art01000.html